Presencia del sonido/ música en el siglo XX y XXI
A lo largo de toda la historia de la humanidad, la música ha sido una presencia constante, un lenguaje universal capaz de emocionar, comunicar y transformar. Desde los primeros cantos rituales hasta las sinfonías más complejas, ha actuado como vehículo de identidad, memoria y cambio.
Y aunque en los últimos tiempos —especialmente en estos últimos años— pueda parecer que su función se ha reducido a un uso más lúdico, lo cierto es que la música sigue siendo un motor esencial de cambio cultural y social.
En el siglo XX y XXI, su capacidad para unir comunidades, impulsar movimientos y cuestionar realidades ha permanecido intacta. La frontera entre la llamada “música culta” y la “popular” se ha difuminado, dando lugar a un paisaje sonoro donde géneros, estilos y tradiciones se mezclan y nutren entre sí- La ópera puede dialogar con el jazz; la música sinfónica puede nutrirse del folclore o del rock; un tema pop puede incorporar elementos de música experimental o electrónica avanzada. Esta hibridación no solo enriquece el panorama sonoro, sino que también refleja una sociedad más abierta, interconectada y receptiva a la diversidad cultural.
En este sentido, la música se convierte en un espejo y a la vez en un catalizador de su tiempo: recoge influencias globales, las mezcla y las devuelve al oyente cargadas de nuevos significados. Más que un adorno o un fondo sonoro, sigue siendo una fuerza viva que moldea identidades y teje vínculos entre generaciones.
La música en el Siglo XX
Se puede hablar de seis ejes que definen el diálogo entre música, política y sociedad (basados en el famoso libro El ruido eterno de Alex Ross)
Música como espejo político y social
La música nos permitió “escuchar” el clima político y emocional de cada época.
Las partituras se convirtieron en crónicas sonoras de su tiempo. Obras como la Sinfonía n.º 5 de Shostakóvich contienen mensajes ocultos bajo un aparente acatamiento al poder; Kurt Weill y Brecht ridiculizaron el capitalismo y la hipocresía social en La ópera de los tres centavos; Richard Strauss navegó ambiguamente en la Alemania nazi, reflejando las tensiones entre supervivencia y compromiso ético.
Innovación frente a tradición
El siglo XX rompió moldes, pero también reinterpretó el pasado. Arnold Schoenberg creó el dodecafonismo para reconstruir el lenguaje musical; Igor Stravinsky pasó de la radicalidad rítmica de La consagración de la primavera a un neoclasicismo refinado; Olivier Messiaen mezcló modos inventados, ritmos exóticos y canto de aves con espiritualidad intensa.
Resistencia artística
La música empezó a tener mucha importancia como protesta, refugio o acto de valentía estética. Benjamin Britten y su War Requiem denunciaron la guerra; Prokófiev, con Alexander Nevsky, trascendió su origen propagandístico para convertirse en himno; John Cage, con 4’33”, convirtió el silencio en declaración de libertad creativa.
Hibridación cultural
La separación entre música “culta” y “popular” se diluyó. Gershwin fusionó jazz y sinfonismo; Steve Reich incorporó ritmos africanos y estructuras del pop en el minimalismo; Philip Glass llevó su estilo a óperas, bandas sonoras y colaboraciones con artistas de rock.
Globalización sonora
Las identidades locales se proyectaron al mundo. Tan Dun unió tradición china y orquesta sinfónica; Astor Piazzolla revolucionó el tango con armonías y formas clásicas; Villa-Lobos convirtió la música brasileña en sinfonías de proyección internacional..
Diálogo con el presente
Incluso inspirándose en el pasado, la música del siglo XX conversa con su propio tiempo. El minimalismo de Reich, Glass y Adams refleja el pulso repetitivo de la era industrial; Nixon in China de John Adams transforma un hecho político reciente en ópera…
La música en el Siglo XXI
Para lo que llevamos de este último siglo vamos a hablar de 7 ejes que explican qué está pasando en la música:
La música en la era digital
El cambio más radical no ha sido solo estético, sino tecnológico. El streaming, las redes sociales y las plataformas de vídeo han sustituido al CD y a la radio como canales principales. Incluso afectando a la unidad de venta de las canciones, destronando el disco por singles individuales. Incluso se ha llegado al absurdo que esta nueva forma de operar ha minimizado al que se consideraba mayor riesgo de la industria musical (como era la piratería)
La inmediatez y el acceso ilimitado han hecho que el oyente pueda saltar de un género a otro en segundos, favoreciendo la fragmentación de la escucha y el auge de canciones “instantáneas” que buscan enganchar en los primeros 15 segundos.
Ejemplo: El crecimiento de artistas desde TikTok (Lil Nas X con Old Town Road, Bizarrap Sessions, Rosalía viralizando fragmentos de Motomami).
Urbanización del sonido
El hip hop, el trap, el reguetón y otros subgéneros latinos urbanos han pasado de los márgenes a dominar las listas globales.
Se han convertido en la nueva “música pop” global, marcando tendencias de moda, lenguaje y actitudes.
Consumismo y ciclo rápido
La música del siglo XXI en gran parte funciona en formato desechable: lanzamientos constantes para mantenerse visibles, canciones cortas pensadas para playlists y plataformas. Otro resultado de la corriente fast: fast fashion, fast food…
Ha habido un cambio de paradigma: Del álbum como “obra total” al single como “producto viral”.
Hibridación total
Las fronteras entre géneros son más porosas que nunca. Ejemplo: Rosalía combinando flamenco, reguetón, R&B y electrónica; Post Malone mezclando rap, rock y pop.
Esto provoca que el oyente medio ya no se identifica con un solo estilo; las playlist definen la identidad más que los géneros tradicionales.
Colaboración y cultura del feature
La unión entre artistas de mundos distintos es estrategia creativa y de marketing. Ahora solo se considera que una canción es un éxito si ha tenido algún remix con colaboraciones de otros artistas.
Música y estética visual inseparables
Videoclips, visual albums y estética de redes como parte fundamental del discurso artístico.
La música ya no se “solo escucha”: se consume en conjunto con su narrativa visual.
De lo reivindicativo a lo escapista
Mientras que parte de la música urbana conserva discurso crítico, otra gran parte se inclina por la celebración, el hedonismo y la evasión.
Conclusión:
En el siglo XXI, la música se ha vuelto más inmediata, diversa y omnipresente que nunca. Las reglas de juego ya no las marcan las discográficas o la radio, sino la cultura digital, las comunidades online y la capacidad de un artista de conectar en segundos con un público global.
Claves del cambio
El álbum como obra total ha cedido protagonismo al single rápido y compartible.
La escucha atenta se ha visto desplazada por el consumo fragmentado en playlists.
La industria centralizada (discográficas, radios) ha dejado paso a un ecosistema descentralizado, donde las redes pueden crear una estrella en días.
Los estilos urbanos y globales son hoy la corriente principal, uniendo culturas y mercados.Todo empieza con una idea. Tal vez quieras comenzar un negocio o convertir un pasatiempo en algo más. O bien, es posible que tengas un proyecto creativo para compartir con el mundo. Sea lo que sea, la manera en la que cuentes tu historia online puede marcar la diferencia.
No te preocupes por sonar profesional. Suena como tú. Hay más de 1500 millones de sitios web, pero tu historia es lo que lo diferencia del resto. Si vuelves a leer las palabras y no oyes tu propia voz en la mente, es una señal de que aún tienes mucho trabajo por hacer.
Sé claro, ten confianza y no lo pienses demasiado. La belleza de tu historia es que continuará evolucionando y tu sitio evolucionará con ella. Tu meta debe ser que sea correcto para el momento. Más tarde, funcionará solo. Siempre es así.