CARTA DE PRESENTACión
Antes de nada, “Thank You” (Dido) por interesarte en esta formación de liderazgo y música. No es solo leer el trabajo de varios años, es ser parte de un movimiento que quiere darle la vuelta al disco rayado de muchas empresas y equipos. Porque, seamos sinceros, hacen falta más líderes que suenen como “Imagine” (John Lennon) y menos jefes que desafinen como “Highway to Hell” (AC/DC).
Para quien no me conozca, soy Oscar y llevo más de 20 años —o “20 Years” como cantaban Placebo— siendo un engranaje más de la “matrix” empresarial. He pasado por consultoría en una Big Four, he liderado equipos de riesgos en una aseguradora y hasta me lancé al escenario del emprendimiento con una plataforma de conciertos online. Mi carrera ha sido intensa, exigente y, como dirían Queen, un auténtico “Under Pressure”.
He vivido muchas jornadas tipo “A Hard Day’s Night” (The Beatles), gestionando proyectos imposibles, liderando equipos y buscando siempre la mejora continua. Y aunque a veces parecía que todo era “Welcome to the Jungle” (Guns N’ Roses), aprendí a mantener el ritmo y a sacar lo mejor de cada persona. Como decía Metallica, “The Memory Remains”.
En entornos internacionales me tocó bailar con muchos “Changes” (David Bowie), adaptando estrategias y entregando resultados. Y también me lancé al “Born to Run” (Bruce Springsteen) del emprendimiento, fundando Personal Concert, una startup premiada que buscaba transformar el streaming en vivo. No llegó a consolidarse, pero fue una “Bittersweet Symphony” (The Verve), llena de aprendizajes, creatividad y rock and roll.
Durante casi dos décadas he vivido el liderazgo en carne propia. No solo lo he estudiado, lo he practicado. He visto equipos brillar como “Shine On You Crazy Diamond” (Pink Floyd) y también he sufrido a jefes que eran pura “Bad Company”. Esos me enseñaron, por contraste, lo que nunca quiero replicar: un “liderazgo” pobre, obsoleto y basado en el miedo.
La música siempre fue mi refugio. Como dijo Alejandro Sanz, “La música no se toca”. Me acompañó en noches de cansancio, en días de euforia y en momentos de duda. Me preguntaba por qué una canción podía emocionarme hasta las lágrimas, o cómo un riff podía darme energía cuando estaba agotado. Y ahí descubrí que no era magia, era ciencia: la neuromúsica y la musicoterapia. Dos disciplinas que muestran cómo el sonido moldea el cerebro, regula emociones y conecta a las personas.
Así como la psicología se normalizó en la sociedad y no hace falta estar loco para ir al psicólogo, mi propósito es llevar la música —con base científica— y la musicoterapia más allá del ámbito clínico y llegar a las empresas. Porque necesitamos cambiar la “Same Old Song” (B.B. King) y componer nuevas melodías de liderazgo.
Hoy, con 42 años, quiero rediseñarme y abrir una etapa donde formación, liderazgo, consciencia, música y neurociencia suenen en armonía. Como un “Kaleidoscope” (Coldplay), que se transforma con cada movimiento.
De esa convicción nacieron estos programas donde la música se encuentra con el liderazgo empresarial y la gestión de equipos para transformar cómo trabajamos, sentimos y nos relacionamos.
Porque liderar no es mandar, es hacer que el equipo suene como una buena banda: afinada, cohesionada y capaz de improvisar cuando la vida cambia de compás.
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